«Entre nosotras», entre nosotres…

Pedimos a cuatro personas de nuestro voluntariado que vieran la película Entre nosotras, de Karma Films, para tener distintos puntos de vista y enriquecer la conversación en torno a este film francés en la carrera de los Oscar.

María Francés

Pocas veces tenemos la oportunidad de conocer historias de amor como la que se nos muestra en la película Entre nosotras. Se trata de dos mujeres jubiladas que han llevado a escondidas su romance durante décadas y lo único que las mantiene vivas es la efervescente mirada de la una sobre la otra, además de bailar descalzas al son de Chariot

Madeleine y Nina viven en casas separadas, una enfrente de la otra, aunque prácticamente es como si hicieran vida juntas. Han estado enamoradas durante casi toda la vida, pero nadie más lo ha sabido, ni tan siquiera los hijos de Madeleine.

El eje de este filme francés gira sobre el repentino ataque que sufre una de ellas, el cual le impide recordar su vida de antes. Es a partir de ese momento cuando las vidas de ambas se ven separadas por un rellano, y el miedo y la inestabilidad se apoderan de Nina. De un día para otro le han arrebatado al amor de su vida y lo único a lo que puede aferrarse es a hacer todo lo que esté en su mano para pasar tiempo a su lado. Por momentos, esa situación de dependencia que se crea llega a ser un tanto excesiva. No obstante, puede resultar comprensible que después de haber pasado tantos años juntas, el shock de perderla la lleve a crear escenas como las que se ven a lo largo de la película.

El director italiano Filippo Meneghetti ha llevado a la gran pantalla una bella y emocionante forma de amar de una manera tan delicada que todos los detalles que se muestran en ella hacen saltar las chispas hacia un espectador que únicamente puede mirarlas de la forma más enternecida.

Como la historia de amor entre Madeleine y Nina, hay miles de mujeres detrás de muchas puertas que nunca llegaron a salir a la luz y que jamás pudieron vivir su amor libremente por no llegar a ser descubiertas.

Después de ver algo tan bonito, creo que es muy necesario que se cuenten más historias de aquellas mujeres que no pudieron vivir su amor de la forma en la que, a lo mejor ahora sí, podemos muchas de nosotras. Madeleine y Nina son muchas de esas mujeres que han tenido que vivir su historia de amor entre cuatro paredes, a escondidas, durante tantos años.

Entre nosotras actualmente se encuentra en la carrera de los Oscar, ya que está en la lista de precandidatas en la categoría de película de habla no inglesa. Sin duda se trata de un hito realmente importante, ya que se le daría una visibilidad necesaria y un agradecimiento a historias de mujeres que se amaron de manera clandestina y de lo cual poco se ha hablado hasta ahora.

Laura Henares Vinaches

Entre nosotras es una película francesa de temática lésbica que ha recibido numerosos premios y nominaciones, entre ellas el Oscar 2021 y los Globos de Oro, y aborda un tema necesario y poco explorado en los medios audiovisuales y entre los mismos círculos de activismo LGTBIQ+: las relaciones afectivo-sexuales entre mujeres de la tercera edad.

En un primer momento puede parecer una película con una trama sencilla y sin mucho que aportar, pero una idea que puede parecer simple, como es una relación entre dos vecinas, va desplegando una serie de cuestiones sobre cómo la sociedad (y especialmente la familia) ve el amor, el sexo y la convivencia entre dos mujeres de edad. A lo largo de la película vemos las dificultades que puede plantear la salida del armario para una mujer que ha vivido toda su vida asumiendo una heterosexualidad obligatoria, pero que no desea y con la que no se siente identificada. Una de las protagonistas no se atreve a contarle a su familia sobre su orientación sexual y su relación, y con ella podemos ver cómo el miedo y el hecho de vivir el amor de forma oculta puede condicionar la vida de las personas que no pueden expresar su verdad ante un suceso inesperado.

Vemos también la invisibilización que existe todavía de las relaciones entre mujeres y cómo se presupone que no puede haber una relación amorosa entre ellas a pesar de lo cercanas que se muestran. Unido a esto, vemos cómo se presupone que las personas de la tercera edad no tienen vida afectivo-sexual, cuando en los momentos en que las protagonistas están solas sí podemos ver la intimidad, el afecto y la pasión entre ellas. Entre nosotras nos muestra una visión realista de estas relaciones y, sin caer en lo vulgar, la complicidad y el afecto entre las protagonistas de forma abierta, a diferencia de otras películas en las que se presupone, pero nunca se hace explícita.

Con Nina vemos la angustia, la incertidumbre y la incomprensión que puede surgir cuando debe permanecer en la sombras para no dañar a la otra persona porque no está preparada para hacer pública la relación, pero al mismo tiempo quiere construir un futuro con ella y quiere participar de su vida, incluso en los momentos difíciles o inesperados. También podemos ver el choque entre la persona que necesita permanecer oculta y la que quiere hacer pública la relación y vivir sin miedo ni mentiras.

Por otra parte, es interesante ver cómo reacciona la familia ante el descubrimiento de una orientación sexual que no se presuponía o una relación oculta con una persona del mismo género. En los medios audiovisuales se suele poner énfasis en las salidas del armario de hijes, hermanes o amigues, pero es mucho menos común verlas en personas adultas, especialmente de madres. En este caso podemos ver las consecuencias de la incomprensión, la sorpresa, la ignorancia o la sensación de traición por haber descubierto la verdad después de tanto tiempo. Pero es de agradecer que la película no caiga en el drama fácil y que proponga un final abierto, poniendo como punto de partida la relación de las protagonistas, y no únicamente la sociedad alrededor y las consecuencias de pertenecer a ella. Sin duda Entre nosotras será una película que plantee buenas conversaciones y preguntas entre jóvenes y mayores.

Ángel Rodríguez

VALIENTE es la palabra que podría definir la ópera prima del director italiano Filippo Meneghetti y que Francia ha decidido presentar a la carrera de los Oscar por delante de laureados directores como François Ozon y su Verano del 85, o Emmanuele Mouret y su Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait, ambas con 12 y 13 nominaciones a los César (el principal premio patrio) frente a las 4 de Entre nosotras. Y es valiente porque hablamos de una película con un planteamiento inicial sencillo, pero con un riesgo evidente en su propuesta, ya que cuenta una trama normalmente invisible en las grandes salas y generalmente rechazada por las productoras: una historia de amor de mujeres jubiladas lesbianas con una relación clandestina, es decir, una premisa de partida que no suele llenar salas y por la que el público y las productoras no suelen apostar, quedándose en muchas ocasiones en un guion más que no ve la luz. Pero el texto firmado por el propio Meneghetti tiene algo especial, algo que engancha, algo diferente y que va más allá de la edad, el género y la sexualidad: tiene una historia de amor real, sensible, cercana y con la que el espectador empatiza, indistintamente de sus protagonistas.

A lo largo de 95 minutos descubriremos una historia de amor en la oscuridad que recorre más de 20 años de relación de dos mujeres que a la vista de todo su entorno son dos vecinas que se han convertido en buenas amigas y se dan compañía, pero que realmente han creado su propio mundo, sus proyectos de futuro, su anhelo por vivir una realidad diferente, más valiente y más visible, pero que arrastran los prejuicios derivados de la vida de una de ellas y cómo la autocensura llega a condicionar sus existencias más que la propia realidad.  Nina (Barbara Sukowa) y Madeleine “Mado” (Martine Chevallier) viven en un pueblo francés donde han pasado la mayor parte de su vida adulta escondidas, disimulando su romance por el miedo al qué dirán, hasta el punto de que ni su entorno más cercano conoce su relación y el bagaje de tantos años de represión impide a Madeleine dar ese paso a la libertad para el que Nina ya está preparada. Pero un acontecimiento inesperado pone de manifiesto lo importante que es vivir fuera de las sombras, lo importante que es ser visible, lo imprescindible que es la aceptación de nuestro entorno y, sobre todo, lo necesario que es que el mundo entero conozca tu verdad.

Con sus dos protagonistas en un alarde interpretativo de los que te encogen el corazón y erizan tu piel, Meneghetti ha conseguido convertir esta historia en un canto a la verdad y la libertad, en una película de detalles, de sutilezas, de miradas, de empatía y, sobre todo, y sin importar nada más, en una historia de amor universal que acerca al público a una realidad pocas veces representada en la gran pantalla, una realidad en la que en muchas ocasiones sobran las palabras.

“Entre nosotras” se ha convertido en la sorpresa de esta temporada en la cartelera francesa y pisa fuerte en su camino hacia el Oscar, habiéndose colado también en la categoría de Película de habla no inglesa en los Globos de Oro, la antesala de una temporada de premios que cada vez normalizan un poco más la visibilidad LGBTIQA+, pero que todavía necesita rejuvenecer la visión de la Academia a la hora de ver las historias más allá de la condición sexual de sus protagonistas, esa mirada que sigue condicionando la vida de muchas “Madeleines” y “Ninas” reales.

Tomás Loyola Barberis

Si el amor se midiera en miradas y en caricias, sin duda Mado y Nina se llevarían un premio. Lástima que esas demostraciones de cariño y deseo solo se produzcan detrás de una cortina, tapadas por el silencio, el miedo y por una sociedad todavía en largo camino hacia la igualdad.

Entre nosotras, de Felipe Meneghetti, traspasa un ajetreado rellano para meterse de lleno en la vida interior de dos vecinas y aparentes amigas, que sueñan con una existencia libre en Roma, lejos de las miradas fiscalizadoras y las rígidas leyes sociales que desproveen de sexualidad, deseo y poder a las personas mayores, más cuando son mujeres; todavía más cuando son lesbianas.

Quizás el punto más fuerte de esta película, además de las poderosas actuaciones de Barbara Sukova y Martine Chevallier, es precisamente poner en pantalla una historia atípica y que, si se había contado previamente, era desde el otro lado de la puerta, sin entrar en el universo amoroso y sexual de dos mujeres maduras con un plan común, pero con diferentes vivencias de lo que significa la libertad, donde una apuesta no tiene ataduras y la otra las tiene todas: familia, pasado y miedo.

Puntos a favor:

1. El único personaje masculino adulto es un pelele, casi sin voz, infantil y rencoroso. Es decir, aporta tanto como cualquier decorado, dejándolo al nivel del reproche y el berrinche. Esta es una historia de mujeres, donde ellas son las protagonistas absolutas, acompañadas de una hija helicóptero que, pese a su predecible resistencia, termina comprendiendo la situación.

2. La escena donde Nina tiene que volver a su casa, rota, y arrancar de nuevo todo, me parece de una sutileza poderosa. En dos o tres planos comprendemos que lo suyo era más que una simple amistad o, incluso, más que una aventura. Lo suyo con Mado era una carrera de fondo.

3. Las actrices, sublimes. No hay gesto, movimiento ni nada que sobre. Sus miradas en toda la película o aquella escena en la que Mado coge con ansia el brazo de Nina son pura poesía.

Puntos en contra:

1. Las reacciones y actuaciones de la Nina desesperada me resultaron reiterativas y rayando en una locura obsesiva y casi violenta. Entiendo su desesperación, pero que se muestre más como inestable y peligrosa que como una mujer vulnerable por la situación en la que se encuentra la persona a la que ama, me hace saltar las alarmas. Creo que es un recurso que se exagera y se estira demasiado, haciendo un flaco favor al personaje (y a todo lo que representa).

2. De igual manera me sobraba la constante tensión de si Nina iba a ser descubierta o no. No es una historia de intriga o suspense, sino de amor.

 En cualquier caso, la suma para mí es positiva. Me quedo con la versión italiana de “Chariot”, en este caso de Betty Curtis, que funciona bien como motor de ese amor oculto. Y, por supuesto, con las interpretaciones. Ojalá podamos ver más historias así en pantalla.

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