El orgullo de todxs

Hay algo que he aprendido, y es que las palabras y los actos importan.  Las palabras y la manera de decir y hacer las cosas hacen que alguien pueda sentirse o no incluido dentro de un grupo.

Durante todos estos años, las siglas LGTBIQ+ se han resumido en una, la G. A día de hoy, con la información que tenemos y la diversidad que sabemos que hay en la sociedad, la gente sigue hablando del “orgullo gay”. ¿Qué ocurre con las otras letras? Durante los días del orgullo (y durante todo el año), por las calles, solo se ven carteles en los que salen chicos, cisgénero, gays, blancos, sin pluma y, por supuesto, con cuerpos normativos. Durante todo este tiempo solo se ve representada una mínima parte del colectivo. ¿Por qué no podemos ver por las calles carteles con mujeres lesbianas, personas trans, gays con pluma, personas gordas…?

Y, según mi opinión, lo grave no es que lo diga la gente de a pie, que también. Lo grave es que lo digan en los medios de comunicación, esos medios que deberían dar una información veraz que nos incluya a todxs, basan el orgullo en una fiesta “gay”.  Los políticos, que deberían representarnos a todxs, hablan de fiesta y de “gays” sin ningún tipo de pudor y de información.

Pues no, el orgullo no es una fiesta en sí, el orgullo es una manifestación dónde personas del colectivo LGTBIQ+, al completo, reivindicamos nuestros derechos, recordamos a lxs que nos han hecho llegar hasta aquí, gritamos, en definitiva, que queremos ser. Porque esa es otra, no solo reivindicamos poder amar. No solo es “love is love” o “ames a quien ames”.  Esto también se trata de deseo, de poder acostarte con quién te dé la gana. Esto se trata de ser. Porque no todo el mundo busca poder amar. Porque con esos lemas las personas trans no están representadas, no están incluidas.

Me he dado cuenta de que en este tiempo, incluso dentro del colectivo, hay machismo, transfobia, plumofobia, gordofobia y bifobia. Solo salen representados, cómo he dicho antes, hombres cis, gay, blancos y con cuerpos normativos. Todavía se compara la transfobia con gustos personales, todavía se les dice a las personas bisexuales que es una fase y se les pregunta por porcentajes, todavía se les llama a las personas con pluma “mariconas locas” y hay un porcentaje ínfimo de representación de mujeres.

Ya es hora de que aprendamos a llamar las cosas por su nombre. No es “orgullo gay”, es orgullo LGTBIQ+. No es “ames a quién ames”, es “seas quién seas”.

Porque ya sufrimos la suficiente discriminación por parte de personas con mentalidades retrógradas y que quieren escondernos y llevarnos a rincones donde nadie nos vea, como para que dentro del propio colectivo también nos discriminemos lxs unxs a lxs otrxs.

La historia nos ha mostrado que unidxs llegamos lejos. Deconstruyámonos, informémonos sobre cómo utilizar las palabras y cómo actuar con nuestros hermanos, hermanas y hermanes. Unamos nuestras fuerzas para gritar alto y claro que SEAMOS QUIENES SEAMOS tenemos derechos y que aquí estamos para lucharlos.

Por Natalia Izquierdo Santos

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