¿Por qué soy diferente a los demás?

Me llamo Roi, tengo casi 13 años y, a pesar de ser tan joven, he tenido la oportunidad de saber lo que es ser diferente a los demás. Vivo en Ourense, una ciudad en la que es un poco difícil ser aceptado al ser diferente por las personas: y a mí no me ha ido muy bien la jugada.

A los 3 años, como muchos niños, empecé a cursar Ed. Infantil. Allí, pues un niño era un niño y una niña era una niña: los niños superhéroes y las niñas princesas. La verdad, yo jugaba a superhéroes con los niños porque sinó me llamaban «niña» al estar con jugando con las niñas a princesas y hablando de las Winx. ¡Me encantaban! (Yo no veía cosas de guerra de +12 como los otros niños, sino las Winx, que son lo más). Yo fingí ser «un niño normal» como los otros niños, y al final me fue pasando factura.

A los 6 años, empecé 1º de Primaria. Profes nuevos, compañeros de clase nuevos, y como no: al ver a todos mis compañeros de clase tener su novia, pues… «¡ya está, problema arreglado: me cojo a cualquiera!» pensé. Al principio, con todas las fuerzas del mundo conseguí aparentar que tenía novia. Fueron unos años muy buenos hasta que, otra vez llegó una mezcla de clase y profesores en 3º de Primaria.

Con 8 años entré en 3º de Primaria. Yo me empecé a juntar poco a poco más con las niñas. A madiados de curso, ¡sólo hablaba con ellas! Me llevaba genial, y eran las únicas que entendían medianamente mis sentimientos. Me sentía muy diferente y apartado del grupo. Poco a poco, se empezaron a aprovechar de mi, y, poco a poco, me empezaron a acosar por ser diferente.

Llegó cuarto de primaria, y me empezaron a llamar maricón por estar con las niñas todo el rato y por ser el rarito que no juega al fútbol. El acoso seguía, y cada vez fue creciendo poquito a poquito hasta que se hizo insoportable. Tuve ataques de ansiedad cada dos por tres, en casa, en la calle, en clase… La cosa empeoró mucho.

En 5º de Primaria, la cosa ni mejoró ni empeoró: se quedó así y para mí se hizo como una rutina. No pasó nada que merezca la pena contar más que que dejé a mi exnovia. En 6º de Primaria, el año pasado, en octubre, le planté cara al acoso y cogí fuerzas para defenderme. Gané batallas, y perdí otras. Pasé medio año luchando contra todo lo que me intentaba llevar por delante, y al final lo conseguí a finales de marzo (o eso pensé). Llegó abril, y con el la pregunta «¿Por qué soy diferente a los demás?».

Después de barajar cientos de posibilidades, llegué a preguntarme si era gay. Tanto tiempo había pasado desde que me habían llamado maricón la primera vez, que ni me había parado a pensarlo. Esa noche, no dormí pensando si era posible. Al final, después de ocho horas, me di cuenta: era gay.

Fue como un puñetazo en todo el estómago. Aquello dolió mucho, pero que mucho. Aguanté sin contarlo hasta noviembre. Mejor dicho, lo adivinó un amigo. Me lo preguntó, y al no respoderle… pues se sospecha mucho. El no le dio importancia, y pensé que sería así con todo el mundo. El día 13 empecé a salir del armario fuera de casa. Todos me empezaron a dar apoyos, a darme a mí lo que les había dado a ellos, y entonces pensé: soy normal. Eses días lo fui aceptando poco a poco, hasta que el 20 de noviembre, una semana después, empezaron los chicos todos a llamarme «el marica» y cosas de ese estilo.

Al principio, el primer mes tuve fuerzas para aguantarlo, pero llegó enero… y la cosa se puso muy fea. Enero y febrero fueron los peores meses. En marzo, empecé a recuperarme poco a poco: plantándole cara a todo lo que se me presenta por delante (y lo que vuelve por detrás). Desde el día 8 estoy mucho mejor, cogiendo ánimos y saliendo poco a poco del armario. Ahora empiezo con mi familia: a lo que más miedo y cariño tengo a la vez.

Para mí ser gay es una carrera contrarreloj, en la que nunca sabes lo que viene por delante. Ánimo, que todo va mejorando aunque no lo parezca. ¡Un beso a todos los que lo pasan mal como yo!

Roi

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