Por Alexander Sáez

Hannah Montana ha pasado a la historia. Bueno, de hecho pasó a la historia hace ya unos cuantos años. Miley Cyrus se cargó a su alter ego en cuanto tuvo oportunidad, borrando así, de un plumazo, su dulce pasado como estrella Disney para dar paso a uno más sexual y turbulento. Aunque bueno, técnicamente hablando la responsable de asesinar a Hannah fue Destiny Hope, ya que ese es su verdadero nombre.

Destiny nació en noviembre de 1992, el 23 concretamente, y se crió en una granja de Tennessee, bajo una estricta educación basada en la religión cristiana. Tanto es así que incluso llegó a llevar un anillo de castidad, lo que pretendía ser símbolo de su virginidad y pureza hasta ser desposada. Un día, cuando contaba con 8 años, mientras visionaba uno de los trabajos de su padre (Billy Ray Cyrus), se dio cuenta de que su vocación era ser actriz, así que su padre le consiguió un papel en la serie en la que estaba trabajando: Doc. Más tarde, en 2003, Tim Burton contó con Miley para interpretar a Ruthie en la película “Big Fish” (una de mis favoritas).

Con 11 años Destiny supo que habían comenzado los castings en Disney protagonizar la serie Hannah Montana, una popular adolescente que lleva una doble vida como super estrella del pop. Tras una primera valoración en la que fue rechazada por ser demasiado joven, los productores cambiaron de opinión al ver sus dotes como cantante y actriz. Y al final consiguió el papel, convirtiéndose en el ídolo infantil por excelencia adorado por millones de fans en todo el mundo que se morían por usar todo tipo de merchandising con su foto.

La adolescente rodó, con éxito, multitud de episodios, que fueron devorados por la audiencia, hasta sumar un total de 4 temporadas. En aquel momento era la Reina Midas de Disney. Su primera canción “The Best of Both Worlds” fue un éxito en medio mundo y uno de los muchos ejemplos que podrían ponerse. Pero, como en todos los cuentos de hadas, la magia se acaba. Y el de Miley no fue una excepción. LLegó un momento en que creció y necesito cambiar radicalmente para mantenerse en lo más alto. Así que Hannah desapareció para siempre, dejando paso a la flamante Miley.

La transformación fue increíble. La modosita y recatada niña se transformó en una jovencita pícara que no dejaba de explotar su faceta más sexual y provocativa en un intento de mantener sobre su figura todas las miradas. En cualquier caso, no puede decirse que le esté yendo nada mal, ni laboral ni sentimentalmente.

En el primer caso porque debe reconocerse la genialidad que encierran sus canciones. Por eso os he dejado el enlace a uno de sus temas: “Wrecking Ball”, un tema que, en mi más humilde opinión, no debería faltar en ninguna lista de reproducción que se precie. Y en el segundo caso, porque muchas han sido las parejas de la cantante: el guapísimo Liam Hemsworth, Patrick Scharwzenegger… y  Stella Maxwell. Sí. Miley reconoció ser bisexual (o mejor dicho, pansexual) en octubre del año pasado.

Miley simplemente ama a las personas, independientemente de cual sea su sexo, y así se lo ha dicho al mundo entero. En este sentido, muy concienciada con la comunidad LGTBI, de la cual, como podéis ver, forma parte, fundó la fundación Happy Hippie, que busca ayudar a los miembros de dicha comunidad y a la gente sin hogar.

Para finalizar os dejo con la canción de la que os he hablado antes. Lo prometido es deuda. ¡Ah! Y no lo olvidéis nunca: seguid siempre adelante. Al final, todo mejora.

¡Larga vida a Miley!

 

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